¿RESTAURAR UN MONUMENTO O BORRAR LA HISTORIA? CUANDO LA POLÍTICA SE ALIMENTA DE LA DESINFORMACIÓN
Editorial | Notas y Más
Me llama poderosamente la atención observar las publicaciones y declaraciones de diferentes partidos políticos y figuras de la política costarricense alrededor del retiro temporal del conjunto escultórico dedicado al expresidente José Figueres Ferrer, ubicado en la Plaza de la Democracia.
Pareciera que algunos sectores políticos han encontrado en esta situación una nueva oportunidad para generar confrontación, alimentar divisiones y provocar enfrentamientos entre los costarricenses.
Señores, pongamos las cosas en perspectiva.
El Ministerio de Cultura ha explicado que el retiro del monumento responde a la necesidad de realizar trabajos especializados de restauración, luego de los daños ocasionados por actos vandálicos durante las recientes manifestaciones. Las esculturas fueron afectadas con grafitis, pintura en aerosol y rayones que, según las valoraciones técnicas del Museo Nacional, podrían dejar consecuencias permanentes si no se intervienen adecuadamente.
Por lo tanto, estamos hablando de una medida de protección y restauración del patrimonio nacional, no de una decisión que, según la información oficial disponible, tenga como propósito borrar la historia de Costa Rica.
Y aquí es donde debemos detenernos a reflexionar.
¿Desde cuándo restaurar una obra histórica significa atentar contra la memoria de un país? ¿Desde cuándo retirar temporalmente una escultura para protegerla y recuperarla significa borrar la historia de quien representa?
Lo verdaderamente preocupante es que algunos actores políticos, en lugar de informarse, leer los comunicados oficiales y explicar responsablemente lo que está sucediendo, parecen estar utilizando este acontecimiento para alimentar discursos de confrontación.
Recordemos también que una cosa es ejercer el legítimo derecho a la manifestación, a expresar desacuerdos y a protestar, y otra muy diferente es destruir, rayar o deteriorar el patrimonio que pertenece a todos los costarricenses.
La democracia permite las diferencias, el pensamiento crítico y la oposición. Pero ninguna causa política, social o ideológica debería justificar el vandalismo.
Tampoco podemos olvidar que José Figueres Ferrer forma parte de un capítulo importante de nuestra historia nacional, independientemente de las valoraciones que cada ciudadano tenga sobre su trayectoria política. Su figura está vinculada a acontecimientos históricos como la abolición del ejército en 1948, una decisión que marcó profundamente el rumbo de Costa Rica.
Pero hay algo todavía más importante: la historia no se defiende desinformando, ni se protege enfrentando a los ciudadanos.
Los políticos tienen una responsabilidad enorme como representantes y líderes de la sociedad. Su deber debería ser contribuir a la tranquilidad nacional, promover el respeto, fortalecer la convivencia y ofrecer información responsable.
No necesitamos más discursos que conviertan cada acontecimiento en una batalla política. No necesitamos dirigentes que aprovechen cualquier circunstancia para poner a unos costarricenses contra otros.
Necesitamos líderes que construyan puentes, no que levanten paredes.
A quienes hoy están haciendo publicaciones y declaraciones sobre este tema, les hacemos una invitación respetuosa: antes de compartir información, revisen los comunicados del Ministerio de Cultura y Juventud, conozcan las razones técnicas de la intervención y expliquen a la ciudadanía que se trata de un retiro temporal para realizar trabajos de restauración.
La crítica política es legítima. Cuestionar las decisiones de un Gobierno también lo es. Pero hacerlo con responsabilidad, información y argumentos es parte de la democracia que tanto decimos defender.
Y una reflexión final: qué contradictorio resulta hablar de democracia, libertad y respeto por nuestra historia mientras se utilizan las diferencias políticas para alimentar el odio, los insultos y la división social.
Costa Rica necesita recuperar algo que no podemos permitirnos perder: la capacidad de dialogar, respetar nuestras diferencias y convivir en paz.
La historia de Costa Rica no se borra por restaurar una estatua. Pero la convivencia democrática sí puede deteriorarse cuando quienes tienen la responsabilidad de orientar al país utilizan la desinformación como herramienta de confrontación.
¡Menos confrontación, menos odio y más responsabilidad política!
Notas y Más Información, reflexión y opinión al servicio de la ciudadanía.