40 años de tradición: un cafecito, agua dulce y pan casero para recibir la Antorcha de la Independencia
La Unión mantiene viva una hermosa tradición que nació hace cuatro décadas en el parque del cantón.
Hay tradiciones que nacen de un gesto sencillo, pero que con el paso de los años se convierten en parte de la identidad de todo un pueblo.
Hace aproximadamente 40 años, en el cantón de La Unión, nació una iniciativa impulsada por Luis Aguilar (Valencia), de Bazar y Librería Valencia, quien junto con un grupo de vecinos decidió recibir a quienes llegaban al parque para acompañar el paso de la Antorcha de la Independencia con algo muy sencillo, pero lleno de cariño: un cafecito o una tradicional agua dulce acompañada de pan casero.
Lo que comenzó como un gesto de hospitalidad se convirtió, cuatro décadas después, en una de esas tradiciones que los vecinos esperan año tras año.
En esta celebración también ha sido fundamental la colaboración de Ricardo Adolfo y su familia, quienes junto con otros vecinos participan en la elaboración del pan casero y en la preparación del agua dulce que posteriormente se comparte entre quienes llegan a celebrar.
Y es que no se trata solamente de ofrecer comida o bebida. Se trata de compartir, encontrarse y celebrar como comunidad.
Cada 14 de septiembre, el parque se convierte en un punto de encuentro para muchas familias y vecinos del cantón. A las 6:00 de la tarde en punto, las voces se unen para entonar primero el Himno del Cantón de La Unión y posteriormente el Himno Nacional de Costa Rica, en un momento cargado de patriotismo y emoción.
Después llega uno de los momentos más esperados: compartir el tradicional agua dulce con pan casero, una costumbre que ha pasado de generación en generación y que continúa reuniendo a gran cantidad de vecinos.
Son precisamente estas pequeñas acciones las que construyen la memoria de un pueblo.
40 años después, aquella idea de regalar un cafecito, un agua dulce y un pedacito de pan casero sigue viva. Y con ella permanece también un mensaje sencillo: celebrar la patria no solamente consiste en izar una bandera o entonar un himno, sino también en compartir con el vecino, abrir las puertas y mantener vivas las costumbres que nos identifican como comunidad.
Desde La Unión, esta tradición demuestra que hay cosas que no necesitan grandes presupuestos ni grandes escenarios para convertirse en patrimonio sentimental de un pueblo.
Solo hace falta voluntad, solidaridad y ese espíritu de comunidad que, durante cuatro décadas, ha permitido que cada 14 de septiembre haya agua dulce, pan casero, música, himnos y, sobre todo, mucho orgullo de ser costarricenses.
¡Que viva La Unión y que viva Costa Rica!