¿CUÁNDO SERVIR A COSTA RICA DEJÓ DE SER LA PRIORIDAD?
Por Gerardo Vindas R
Hubo épocas en las que a la Asamblea Legislativa llegaban personas que, más allá de sus diferencias políticas, parecían tener algo muy claro: habían sido electas para servirle a Costa Rica y a su gente.
Hoy, muchos costarricenses tienen la percepción de que eso ha cambiado.
El salario, las posiciones de poder, los intereses partidarios y las luchas internas parecen ocupar demasiado espacio, mientras que el verdadero propósito de llegar a una curul —representar al pueblo y trabajar por el país— queda relegado.
Y hay algo todavía más preocupante: diputados que parecieran olvidar que, una vez electos, ya no deberían trabajar únicamente para sus líderes o para los intereses de su partido. Su compromiso debería ser con Costa Rica.
Las diferencias políticas son normales en una democracia. Lo que no debería convertirse en normal es que el enfrentamiento entre partidos termine siendo más importante que las soluciones que necesita la población.
Cuando una fracción se opone a otra simplemente por ser adversaria, el daño no se lo hacen únicamente al partido contrario. El daño puede terminar recayendo sobre todos los costarricenses.
Y aquí también tenemos que hacer una autocrítica como sociedad.
Muchas veces hacemos lo que popularmente se conoce como “la del mono y la de la lora”: vemos, escuchamos y repetimos. Consumimos titulares, comentarios y noticias sin detenernos a investigar qué ocurrió realmente, qué se propuso, qué se aprobó y quién tenía la responsabilidad.
Durante años, buena parte de la información que recibimos se concentra en el conflicto, el escándalo, la confrontación y lo negativo. Y cuando eso es prácticamente lo único que vemos, terminamos acostumbrándonos a pensar que todo está mal.
Costa Rica necesita algo diferente.
Necesitamos medios que informen, pero también que expliquen.
Necesitamos políticos que discrepen, pero que no conviertan la política en una guerra personal.
Y necesitamos ciudadanos que no se limiten a repetir lo que escuchan, sino que pregunten, investiguen y formen su propio criterio.
Porque al final de cuentas, los colores políticos pasan.
Costa Rica queda.
Y quienes hoy ocupan una curul, independientemente del partido al que pertenezcan, deberían recordar todos los días para quién están ahí:
para servir al pueblo costarricense.