Editorial | ¿Nos acostumbramos tanto a lo malo que ya no sabemos reconocer lo bueno?
Durante años, buena parte de la información que recibe la sociedad costarricense ha estado marcada por las noticias negativas: corrupción, violencia, problemas políticos, inseguridad, enfrentamientos y escándalos.
Y no estamos diciendo que esas cosas deban ocultarse. Todo lo contrario: los medios de comunicación tienen la responsabilidad de informar, investigar y señalar aquello que está mal.
Pero existe otra responsabilidad que tampoco deberíamos olvidar: mostrar también lo que se hace bien.
Porque cuando una sociedad recibe constantemente una visión negativa de su propio país, poco a poco puede terminar desarrollando una mentalidad tóxica hacia todo lo que ocurre a su alrededor. Llegamos al punto de sospechar de cualquier iniciativa positiva, de cuestionar cualquier acción diferente y hasta de rechazar algo bueno simplemente porque viene de una persona, institución o sector político con el que no estamos de acuerdo.
Y ahí está el verdadero problema.
No todo es blanco o negro
Costa Rica tiene problemas, y muchos. Pero también tiene gente que trabaja, comunidades que se organizan, instituciones que hacen cosas buenas, ciudadanos que ayudan desinteresadamente y políticos que, independientemente de nuestras preferencias, pueden tomar alguna decisión acertada.
Reconocer una buena acción no significa convertirse en partidario de quien la realiza.
Criticar lo malo y reconocer lo bueno deberían ser dos capacidades perfectamente compatibles.
El periodismo tampoco debería convertirse en una fábrica de indignación permanente. Su función no es solamente decirle al ciudadano qué está mal, sino poner sobre la mesa la realidad completa, con sus luces y sus sombras, para que sea la ciudadanía quien saque sus propias conclusiones.
Porque cuando solamente mostramos la parte negativa, terminamos creando una sociedad cansada, desconfiada, resentida y enfrentada.
Una sociedad donde parece que todo está mal.
Y cuando todo está mal, hasta lo bueno genera sospechas.
Quizá necesitamos recuperar algo que Costa Rica ha ido perdiendo: la capacidad de reconocer que alguien puede hacer algo bien aunque no pensemos igual que esa persona.
No se trata de “farolear” ni de convertir a nadie en héroe.
Se trata de algo mucho más sencillo:
Si algo está mal, señalémoslo.
Si algo está bien, reconozcámoslo.
Y si alguien se equivoca, critiquémoslo por sus acciones, no simplemente por quién es.
Porque una democracia madura no necesita ciudadanos que aplaudan todo ni ciudadanos que rechacen todo.
Necesita ciudadanos capaces de pensar, analizar y distinguir.
Costa Rica también tiene cosas buenas. El reto está en volver a verlas.
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