ANTES DE SEÑALAR, HAY QUE MIRAR LA OBRA
Por Notas y Más
Costa Rica es un país donde tenemos todo el derecho de manifestarnos, de cuestionar y de expresar nuestras diferencias. Esa libertad forma parte de nuestra democracia y debemos defenderla.
Pero también debemos aprender a distinguir entre cuestionar y condenar, entre pedir explicaciones y señalar sin pruebas, entre ejercer un derecho y olvidar la trayectoria de una persona.
A raíz de las declaraciones realizadas el pasado 14 de setiembre sobre un posible plantón contra Obras del Espíritu Santo y su líder, el sacerdote Sergio Valverde, surge una pregunta que merece ser analizada con serenidad:
¿Cuánto bien se ha hecho por nuestros niños, nuestras familias y las personas que viven en condición de vulnerabilidad?
Durante años, Obras del Espíritu Santo ha representado para muchas personas una puerta de esperanza. Sergio Valverde ha servido como un puente entre quienes necesitan ayuda y quienes tienen la posibilidad de brindarla: empresas, ciudadanos e instituciones.
Y aquí no se trata de decir que una persona o una organización esté por encima de cualquier cuestionamiento. Nadie debería estarlo. Si existen dudas, deben presentarse ante las instancias correspondientes, con pruebas y dentro del marco de la ley.
Pero tampoco deberíamos convertir las diferencias políticas, religiosas o personales en una razón para desconocer todo lo que se ha construido en favor de quienes más necesitan.
Que un sacerdote tenga posiciones políticas, participe en conversaciones públicas o exprese sus convicciones no significa, por sí solo, que esté actuando de manera ilícita. También él es ciudadano y tiene derechos.
La verdadera pregunta debería ser otra:
¿Estamos siendo capaces de reconocer el bien cuando lo tenemos frente a nuestros ojos?
Porque en una sociedad que muchas veces se acostumbra a hablar de lo malo, a destacar el escándalo y a buscar culpables, también hace falta detenernos y reconocer a quienes dedican tiempo, esfuerzo y recursos para ayudar a los demás.
Podemos pensar diferente.
Podemos cuestionar.
Podemos protestar.
Podemos exigir transparencia.
Pero hagámoslo siempre con respeto, responsabilidad y, sobre todo, con la verdad por delante.
Porque detrás de una organización no solamente existen nombres, oficinas o dirigentes.
Hay niños. Hay familias. Hay historias. Hay necesidades. Hay personas que esperan una mano extendida.
Y antes de destruir la imagen de quienes trabajan por esa población, quizás deberíamos preguntarnos:
¿Qué hemos hecho nosotros por ellos?
Costa Rica necesita más solidaridad y menos odio.
Más diálogo y menos confrontación.
Más evidencia y menos acusaciones.
Más manos ayudando y menos manos señalando.
Porque al final, cuando se trata de los más vulnerables, lo verdaderamente importante no debería ser quién tiene la razón política, sino quién está dispuesto a hacer algo para cambiar una vida.
Notas y Más
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